La Asamblea General de Naciones Unidas arrancó este año con llamados al multilateralismo y a la cooperación y una declaración acerca de que la urgencia para que los países se unan “nunca ha sido mayor”, pero terminó con un desfile de agravios divisivos.

En días de discursos virtuales, líder tras líder destacaron la importancia de trabajar juntos para superar el coronavirus y los desafíos de futuro. En palabras del ministro alemán de Exteriores, el COVID-19 “muestra que la cooperación internacional no es ni una ideología ni un fin en sí misma. Al contrario, da resultados, mucho más allá de la pandemia”.

Las palabras, sin embargo, no son resultados. Aunque la ONU y la mayoría de sus estados miembros visualizan un mundo en gran medida multilateral, los retos subyacentes que dividen a las naciones acapararon también el foco como demostró el “derecho a réplica” al final de la sesión de clausura.

Uno a uno, diplomáticos de bajo nivel salieron a la palestra para dar la réplica a los discursos de los líderes con sus intensas respuestas.

En cuando al conflicto candente del momento, entre Armenia y Azerbaiyán por el enclave separatista de Nagorno-Karabaj, diplomáticos de las dos naciones se acusaron mutuamente de ser responsables de los últimos combates. Bangladesh criticó a Myanmar por los más de 700.000 musulmanes rohingyas que huyeron de la represión del ejército birmano en 2017 y viven en campos en Bangladesh, que siguen teniendo miedo a regresar a sus casas, y Myanmar respondió.

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